lunes, febrero 13, 2006

Tiempo para mí

Terminan los exámenes, y con ellos las semanas de nervios, madrugones, noches sin dormir, repasos de última hora, chuletas, tensiones al mirar los tablones con las notas...
Todavía casi ni me lo creo, es como si me hubiera quitado una losa de mil kilos de encima que no me dejaba descansar....
Pues eso, que se acaban estas fechas tan temidas y me queda un ligero sabor agridulce: por un lado estoy contento, porque las asignaturas a las que me he presentado las he sacado bastante bien (tengo hasta un 9'6 en dirección financiera...), pero por otro lado sé que podía haber hecho bastante más... Pero bueno, no me quejo porque el balance no es malo, ya me "entretendré" para septiembre.... jajaja
Ahora tengo una semana de vacaciones, para hacer todas esas cosas tan "normales" que tanto echaba de menos: por fin podré levantarme a las doce sin remordimientos de conciencia, y ver la tele hasta las mil, y cortarme el pelo (a ver qué me hago mañana, o más bien qué me hacen, ya os contaré), y ponerme morenito, y comprar los cuatro billetes para ese viaje a Madrid que tanta ilusión me (nos) hace... También tendremos que decidir la obra de teatro que iremos a ver, y de paso ir de compras a ver si estreno algo el fin de semana...
¡Cuántas cosas! Si casi voy a ir más estresado que estas últimas semanas... jajaja Es que no sé cómo me las arreglo pero al final nunca paro quieto...
Y mañana San Valentín, y yo sin comprar nada... ¿se os ocurre algo?
Y vosotros qué, ¿tenéis plan romántico/graciosete para mañana? A mí siempre ha coincidido que me lo he pasado en grande los 14 de febrero, pero con amigos en planes improvisados y tontísimos...
¡Besos liberados!

domingo, febrero 12, 2006

Superar barreras

Siempre he pensado que debemos estar abiertos al amor.
Que a pesar de las malas experiencias vividas hay que seguir creyendo en la gente y en nosotros mismos.
Que en cualquier momento puede aparecer esa persona que nos complemente, que nos prepare una tostada mientras dormimos, y que finalmente nos haga despertar y sentirnos vivos .
Que cuando ese amor llegue probablemente no será todo de color rosa.
Que habrá que ser fuertes para superar las difíciles barreras con que nos iremos topando de frente...
Que con esfuerzo y tesón derrumbaremos muros como la diferencia de edad, los abismos culturales, o la estúpida incomprensión de la sociedad...
Que, como todo en esta vida, nos costará sudor y lágrimas, pero... ¿alguien dijo que fuera fácil?
Que el amor puede llegar con quince años o con setenta y tres (sí, yaya, creételo) y que, sobre todo, nunca es tarde para tratar de ser felices. Así que iróslo metiendo en la cabeza.

sábado, febrero 11, 2006

Hogares a tiempo parcial

¿No habéis tenido nunca la sensación de no estar viviendo en un único sitio fijo?
A mí me ocurre a temporadas, porque últimamente vivo a caballo entre la casa de mi madre y el apartamento de mi novio...
La verdad es que es una sensación extraña y a veces cabreante:
Vas a arreglarte, ¿y dónde está la camisa de rayas nueva? (sí, esa que te quedaría estupenda para esta noche con los zapatos marrones y el vaquero oscuro...) Pues seguramente te la dejaras colgada en el armario de la otra casa...
¿Y el tema 4 de dirección financiera? Joeee, precisamente hoy que tenías intención de estudiartelo (después de seis meses acumulando polvo encima del escritorio...)
¿Y la gomina Ultra Wet Max Shine Gay Fix con la que pretendías ponerte unos pelos que ni Llongueras? Pues encima del lavabo de la otra casa...
Y claro, vete a buscarla, y pégate cuarenta minutos yendo y viniendo en el autobús... (porque ese día además fijo que no tienes el coche disponible)
Así que al final decides salir de tu casa (de una de ellas, la que te toque ese día...) en plan natural, con tu remolino detrás de la cabeza, con una camisa que no pega y sin saber de qué iba el dichoso tema cuatro...

viernes, febrero 10, 2006

Defectos, amor y paciencia

Tengo que confesarte que ya no te quiero como el primer día. En estos dos años he ido descubriendo poco a poco todos tus defectos...
Ahora ya sé que te encanta dejar el bote de champú abierto, que roncas como un oso, y que inevitablemente nos pelearemos en la cola del cine por decidir la película que iremos a ver (tú empeñado en ver siempre esas de catastrofes naturales, y yo en mis trece de salir llorando de la sala con mis películas "amargantes", como tú dices...)
También sé que te comerás todos los yogures que supuestamente sólo me gustan a mí, que los domingos te empeñarás en que vayamos a comer con tus cientos de sobrinos y que, cuando yo tenga ganas de salir el fin de semana, tú ya estarás dormido...
Por todo ello ya no te quiero como al principio, como cuando nos conocimos.
Te quiero muchísimo más, con las dosis de paciencia que ello conlleva...

jueves, febrero 09, 2006

Ilusionarse

Una de las mayores virtudes que, al menos para mí, puede tener una persona es la capacidad de ilusionarse.
No importa que tenga veinte, treinta, cuarenta o doscientos años... Lo que realmente le aporta a una persona la juventud, la energía para afrontar la vida, es su capacidad de seguir ilusionándose por todo lo que le rodea.
Es ese tipo de ilusión de cuando éramos pequeños, que nos llenaba el pecho y nos hacía sonreír de oreja a oreja. Esa capacidad de sorprendernos como el primer día, como la primera vez...
Lo realmente maravilloso de las personas que poseen ese escaso y preciado "don" es que, a pesar de todos los golpes, errores, fracasos y malos momentos que hayan podido sufrir a lo largo de su vida, siguen mostrando el mismo interés, las mismas ganas por descubrir cosas nuevas, y por continuar con aquellas otras que llevan años acompañandoles, sean grandes o pequeñas...
Reconocerás a ese tipo de personas por el brillo de sus ojos con cada pequeño detalle, por su entusiasmo a la hora de emprender nuevas aventuras y, si te fijas bien, por la luz que desprenden al entrar a cualquier lugar...

Y a vosotros, ¿qué es lo que os hace ilusionaros de verdad?
Envía ILUSIÓN al 5505 o escribe lo que quieras en un comentario!

miércoles, febrero 08, 2006

Días sinceros

Una mañana, cuando despertemos, todo será diferente. Al principio no nos daremos cuenta de lo que ocurre, pero notaremos algo extraño cuando bajemos a la calle y la vecina vieja del tercero nos diga que nos odia a muerte por la fiesta que hicimos el sábado, y que desea que nos salga un quiste en los testículos o algo peor.
Después nos cruzaremos al portero, y en vez de responder a nuestro "buenos días" de toda la vida, nos dirá que ese pantalón vaquero nuevo nos hace un culo sensacional, y que ya le gustaría a él tocarlo.
Confusos (y un poco aterrorizados), nos dirigiremos a la cafetería de siempre a desayunar un café con leche con tres de sacarina y un donut. Cuando lo pidamos, el camarero nos dirá que a qué fin le pedimos siempre sacarina, si luego nos metemos entre pecho y espalda el donut, que es un bombazo de calorías. Y que tarde o temprano nos pasará factura.
Cuando terminemos el desayuno, todavía flipando por la salida que acaba de tener el camarero, nos marcharemos a la facultad. Antes de entrar nos encontraremos a un conocido, que nos dirá que qué nos ha ocurrido en el pelo, y que si se nos ha dormido un gato en la cabeza, porque ese peinado no es normal. En fin, sin comentarios...
Empezarán las clases, y uno de nuestros compañeros interrumpirá al profesor y le dirá que no hay nada más desagradable que pasar dos horas seguidas viéndole la cara. El profesor le responderá de la misma forma, la clase continuará y observaremos atónitos la surrealista escena.
En la hora libre uno de nuestros amigos nos dirá que se va a comer por su cuenta, que no le apetece escuchar nuestras gracias de siempre. Entonces le diremos a nuestra amiga Cristina que si tiene frío, porque se le marcan los pezones en la camiseta de una forma brutal, y que tenga cuidado porque igual nos saca un ojo con uno de ellos.
Cuando acabemos la jornada (toda llena de comentarios de ese estilo...) nos dirigiremos a la parada del autobús. Después de un cuarto de hora esperando, subiremos y estará hasta los topes.
Una vez que estemos arriba, una de las viajeras confesará a su marido por teléfono que está harta, que tiene un amante desde hace años y que no piensa volver a casa (y que, por cierto, tendrán que ir pensando en venderla). Nosotros ya no nos sorprenderemos de nada...
Entonces veremos al fondo del bus a ese chico tan guapo que suele volver a su casa a la misma hora que nosotros. Sentiremos la necesidad imperiosa de acercarnos a él, y de decirle que llevamos años observándole, y que ya va siendo hora de pedirle matrimonio. Y él nos responderá que vale, que sí, pero siempre y cuando no nos engordemos con el maldito donut que nos comemos cada mañana...

lunes, febrero 06, 2006

Autoexigencias

Desde pequeño he sido, de alguna manera, mi maestro más crítico, exigente e inflexible. Me he juzgado con mayor dureza de lo que muchas personas pueden llegar a hacerlo con sus mayores enemigos.
Siempre he sentido la necesidad de demostrarme a mí mismo que era una persona "válida", que "merecía la pena" y que tenía "éxito", por llamarlo de alguna manera.
Por ello siempre he intentado ser el mejor en todo lo que me proponía: tenía que tener un expediente brillante, el mejor aspecto posible, la mejor compañía en todo momento...
Sentía la estúpida necesidad de ser envidiado, admirado, deseado... Me hacía sentir mejor conmigo mismo, y buscaba continuamente la aprobación del resto del mundo.
Lo que para otras personas sería algo secundario o simplemente difícil de alcanzar, para mí eran objetivos básicos.
Cosas tan sencillas como salir a la calle sin peinar, o en chándal, eran para mí inconcebibles...
Necesitaba (en contra de la opinión de todo mi entorno) seguir adelgazando más y más (peligrosa espiral). También necesitaba cada vez más ropa, más dinero... relojes de marca, gafas carísimas, cremas... No tenía fin. Era mi manera de crear la coraza que me protegería de todo lo que me hacía daño.
Conforme mi aspecto mejoraba, mi carácter empezaba a agriarse por momentos.
Un día comencé a darme cuenta de que ésa no era forma de vivir, que no aguantaría ese ritmo demasiado tiempo. Estaba demasiado cansado, tanto física como psicológicamente. Progresivamente he ido viendo que la vida no es una evaluación constante, que no pasa absolutamente nada por fallar alguna vez, que todos somos humanos, que tenemos derecho a equivocarnos, que debemos aceptarnos con nuestros propios defectos... Y sobre todo, que muchas veces las imperfecciones son las que hacen realmente bella a una persona, a una vida.

domingo, febrero 05, 2006

Me gusta cuando me pintas de tus colores

Cada vez que te acercas a mí no puedo evitar contagiarme de tu enorme gama de tonalidades. Sin remedio me inundo del profundo azul de tu mirada, de tu violeta nostalgia, de ese irónico amarillo con que te enfrentas al mundo en tus tardes negras...
Cada mañana sueño que tarde o temprano pintarás mi vida con el característico color de tus labios.
Mientras tanto sigo (y seguiré) aquí sentado, imaginando el día en que borres el gris opaco de mis miedos y temores, y aferrándome a esos pequeños destellos verdes que emanan de mi corazón siempre que pasas a mi alrededor...

viernes, febrero 03, 2006

Sólo tal vez

Tal vez tú ni siquiera me has visto.
Tal vez estoy tan cansado porque me cuesta mucho dar el primer paso.
Tal vez por ello te observo en silencio.
Tal vez sigo pensando que un día de repente te darás la vuelta y me llevarás contigo.
Tal vez por eso sigo esperando a que, sólo tal vez, dejes de esconderte detrás de tu ventana...

jueves, febrero 02, 2006

Cambios de perspectiva

Hay ocasiones en las que una única frase puede desmoronar todos los planteamientos e ideas que tenías hasta ese mismo momento.
Un comentario en apariencia simple puede esconder tras de sí una gran verdad, una forma totalmente distinta y nueva de ver las cosas.
Son esas ideas que enriquecen y completan tus puntos de vista, y que cambian la perspectiva de una realidad, grande o pequeña, que hasta ese instante percibías.

Hay una canción muy importante para mí. Llegó a mi vida hace ya bastante tiempo, en una de esas temporadas que se pueden considerar malas o muy malas. Esas temporadas en las que no comes, ni ríes, ni duermes. Tan sólo piensas. Son esas temporadas, en las que, como dice la canción, eres el invierno contra la primavera de tu alrededor.
Desde entonces esa canción me ha acompañado, ha crecido conmigo, ha visto cómo he evolucionado y cómo las cosas poquito a poco han ido cambiando a mejor. Pero lo que realmente me importa hoy de esta canción, Moriría por vos, es la visión que tenía antes de su vídeo, y la que alguien muy cercano a mí me aportó:

Eva está nerviosa, ilusionada. ¡Hoy, por fin, cenarán juntos! Dentro de pocas horas, él (o ella, ahí no entro) llegará, así que debe darse prisa para que todo esté perfecto. Por ello, se enfunda en su abrigo rojo y se marcha a comprar.
Eva vuelve cargada de bolsas, las deja en la cocina y se dispone a preparar la cena. Hace ya unos cuantos meses que tenía planeado el menú para cuando llegara esa noche: ha decidido preparar esa fabulosa ensalada que tan buena pinta tenía en la tele, y una langosta como las que preparaba su madre... ¡Cuidado, no te quemes con la puerta del horno!
En cuanto tiene todo en marcha, Eva comienza a buscar en su armario el vestido ideal para tan esperada ocasión. Uy, este no, parezco una morsa... A ver este... ¿No será demasiado atrevido? No quiero dar una mala impresión...
Cuando, finalmente, Eva se decanta por su vestido verde (seguramente el primero en el que había pensado), coloca los ultimos detalles. Velas, música suave y una botella de vino. Ya sólo faltas tú...
Eva mira el reloj y se asoma a la ventana. ¿Dónde estás? Ya deberías haber llegado....
Como ve que su misterioso acompañante se retrasa, decide sentarse en el sofá y esperarle viendo la tele.
Comienza a hacer zapping: Lluvias intensas y moderadas en el centro peninsular. Vampiros subiendo las escaleras. Anuncios para perder peso. Canciones que poco le importan...
Pasan los minutos, las horas...
Eva descorcha la botella de vino y se sirve una copa. Y otra. Y otra.
Como empieza a hacer frío (mierda de febrero...), se tapa con una manta y se recuesta en el sofá. A ver si no se me deshace demasiado el recogido del pelo, no vaya a ser que termines apareciendo...
Finalmente Eva se duerme, con su gato, la televisión encendida, y la copa en la mano.

Alguien me dijo que probablemente Eva no estaba esperando cenar con nadie...


PD: Link al video http://www.los40.com/playstop/video_especial.html?sng_id=1075826

miércoles, febrero 01, 2006

Inspiración

Hace ya bastantes años que me enamoré de tí.
Hasta entonces no creía en los flechazos ( ¡tonterías!, pensaba... ) pero fue verte por primera vez y darme un vuelco el corazón.
Me enamoré de tus trazos, de tus colores, de esa sensibilidad que mostrabas tan abiertamente al mundo.
Me enamoré de la magia que irradiabas con tu sola presencia, y de las sensaciones que causabas en mi interior cada vez que fijaba mis ojos en tí...

Hace unos seis años alquilamos un apartamento en San Sebastián, muy cerquita de la playa. La dueña debía ser una mujer muy moderna, y la casa reflejaba ese carácter: la cocina era de un color rojo intenso, el dormitorio azul marino, casi negro, y el techo estaba lleno de constelaciones doradas... Todos los muebles eran extraños, originales...
Me encantaba el ambiente que se respiraba allí, pero sobre todo hubo una cosa que me hechizó: un cuadro. Me pasé horas mirándolo, y en cuanto llegué a mi casa hice una versión inspirándome en el...
Lo tengo en mi cuarto, y he decidido dedicarle este post. A mí me transmite una extraña mezcla de sensaciones, pero mejor no os digo nada más para no crearos un juicio sobre él antes de verlo. Bueno, aquí lo teneis:


martes, enero 31, 2006

Sexo

Velas, esencias, luz tenue y sábanas negras de Zara. Cuerpos que se mueven al compás de sus instintos. Respiración entrecortada. Deseo. Sombras chinescas proyectadas en la pared. Encima. Debajo. Delante y detrás. Contornos que se deslizan al calor del frenesí. Sudor. Humedad. Piel contra piel. Siluetas flotando en éxtasis...

lunes, enero 30, 2006

Silencios

Esta tarde he pensado en todas aquellas cosas que no hemos dicho hasta ahora, y que probablemente no llegaremos a decir nunca.
He pensado en los silencios, y en los sentimientos que día tras día guardamos en nuestro interior y que terminan languideciendo al no llegar jamás a ver la luz.
Muchas veces nos callamos por evitar enfrentamientos (esa odiosa sensación de tener que mordernos la lengua), otras por no hacer daño, y otras muchas (la mayoría, para ser sinceros) por pura cobardía. Por el miedo que nos da el hecho de enfrentarnos al mundo, de decir nuestras verdades tal y como vienen a nuestra cabeza y a nuestro corazón.
¿No seríamos más felices, o como mínimo un poco más libres, si decidiéramos abrir todo nuestro ser al resto del mundo, aun a riesgo de los golpes que pudiéramos recibir? Yo apostaría a que la respuesta es un sí...
Hace pocos días ví una película, En la ciudad. Está dirigida por Cesc Gay, y en ella retrata la vida de un grupo de amigos de clase acomodada en la gran ciudad (en este caso, Barcelona)
Esta película habla de las relaciones, las infidelidades, las mentiras, la soledad, los deseos que guardamos en secreto...
La verdad es que la película en general no terminó de llegarme, pero hubo partes que sí me llamaron la atención y me sirvieron para reflexionar sobre los silencios y las cosas que jamás reconoceremos:

En la película, Irene tiene treintaytantos, está casada con Manuel, y tiene una hija de 5 años. Irene es la responsable de un museo, y un día cualquiera se encuentra con una antigua compañera de facultad, por la que se sintió fuertemente atraída años atrás. Acepta su invitación para tomar café, y juntas se dirigen a casa de la chica para recordar viejos tiempos.
Allí Irene observa todo lo que le rodea: es una casa cálida, acogedora, en la que se percibe el aroma de la libertad, de la sinceridad, de la ausencia de prejuicios... Es una casa muy distinta a la suya, tan llena de convencionalismos, de verdades ocultas. La conversación fluye entre ambas, más tarde continúa bajo las sábanas, y horas después Irene se marcha.
Irene comienza a pensar en qué le faltó para dar ese paso que la diferencia y aleja tanto de su anterior compañera. Qué ocurrió para que los caminos de sus vidas tomaran rumbos tan diferentes... ¿Había sido una cobarde? ¿No había sido capaz de tomar las propias riendas de su vida? ¿Por qué no pensaba en sí misma alguna vez?
Irene decide escapar, marcharse lejos abandonándolo todo. Irene dejará su vida, se marchará con las manos vacías, sin rendir cuentas a nadie y sin hacer ruido...
Irene lo tiene claro, ya nada la detendrá: ni sus amigos, ni su marido, ni siquiera su encantadora hija.Irene ha decidido comenzar a vivir.
El mismo día de su cumpleaños, Irene se marchará para no volver.
Irene llega a su casa, nerviosa, extasiada en su locura. Irene comienza a amontonar su ropa en una pequeña maleta. De repente, algo la detiene. Es la voz de su marido: "¿Te vas a algún sitio?", pregunta con mirada de interrogación... "Ven un momento, Irene, tengo que enseñarte algo..."
Irene le sigue cabizbaja a la terraza. "¡Sorpresaaaaaa!! "
Irene observa estupefacta cómo, alrededor de la mesa, todos sus amigos sonríen, le miran, y le cantan a coro un cumpleaños feliz que retumba en sus oídos como la más terrible de las melodías.
Irene no es capaz de articular palabra. A duras penas, consigue esbozar una medio sonrisa y sentarse en la única silla que queda libre.
Momentos despúes, aparece la tarta. Besos, abrazos, conversaciones confusas...
Irene rompe a llorar. Se hace el silencio en la estancia. Nadie se atreve a decir nada.
Irene percibe el fracaso de su frustrada huída, y pierde todo el valor que momentos antes la empujaba a escapar...
Irene seca sus lágrimas, afirma a los comensales estar emocionada por haberse acordado de su cumpleaños, da un beso a su hija y se prepara para apagar las velas...

domingo, enero 29, 2006

Pequeños placeres

- Bajar a la calle y notar que acaban de cortar el césped (tendríais que verme tratando de aspirar toda la estratosfera... jajaja)
- Ir de compras y fundir la tarjeta de crédito
- El batido de chocolate (auténtica adicción...)
- El primer chapuzón en la piscina cada verano
- Cortarme el pelo (aunque luego nadie lo note...)
- Tomar un té con leche en buena compañía en el Presidente
- Los primeros días de calor del año, cuando por fin puedes abandonar la cazadora (aunque sea momentáneamente)
- Conocer los bares más in de la ciudad (maldita superficialidad que me ahoga... jaja)
- La carne de gallina al ver una película que me llega
- Escuchar una nueva canción y saber que se convertirá en una de mis favoritas
- Las inolvidables sobremesas con mis amigos (la última duró 11 horas y cayeron decenas de botellas de lambrusco :D)
- Tostarme al sol en la terraza (en épocas del año en las que poca gente se atreve)
- Los besos en el cuello, en todas sus variantes.
- Cocinar un plato nuevo, y que salga bueno (o al menos comestible)
- Quedar con un amigo que hacía siglos que no veía, y comprobar que es como si no hubiera pasado el tiempo
- Ir al karaoke, comernos el escenario, hacer el ridículo colectivamente, y encima dejar documentos gráficos de ello (la bomba)
- Tener pájaros en la cabeza (toda una filosofía de vida)
- Los planes improvisados. Esos en los que no sabes cuándo acabarás, ni cómo...

Os animo a que, si os apetece, os unáis a mi larga lista y pongáis todo aquello que hace que, para vosotros, cada día merezca la pena (en un comentario, o en vuestros blogs, o en la puerta de un baño público, o en un tatuaje en vuestros glúteos... donde os dé la gana :-) )
Besitos!

sábado, enero 28, 2006

Quién nos lo iba a decir

Quién nos iba a decir que esa noche tan extraña nos encontraríamos. Que nuestras miradas se cruzarían en aquel lugar abarrotado de gente. Que entablaríamos esa conversación tan tonta en la barra. Que conectaríamos y que, más tarde, me marcharía contigo a lomos de tu moto. Que, fruto de los nervios, te darías ese enorme y (perdóname) gracioso golpe en la pierna al llegar a tu casa... Que, después de curarte, pasaríamos horas y horas hablando de todo y nada. Que, a las pocas horas de conocerte, tendríamos la sensación de conocernos de toda la vida... Y que antes de amanecer me llevarías a casa (recuerda que por aquel entonces tenía hora...)
Que al día siguiente me llamarías. Que volveríamos a vernos... Y que esa noche tan extraña sería la primera de estos dos preciosos años...

viernes, enero 27, 2006

Calidad humana

Estos días he estado estudiando una asignatura bastante interesante (el sábado me presenté al examen). La asignatura en cuestión se llama Dirección de Recursos Humanos, y mientras me estudiaba una parte del temario, leí un apartado que me hizo reflexionar. Básicamente, aunque con palabras mucho más técnicas y "políticamente correctas", en ese apartado se decía que cuando una empresa se vuelve menos competitiva y hay que reducir la plantilla, es conveniente despedir a los trabajadores más viejos (porque su productividad es menor, la empresa ya no va a recuperar mucho dinero con su trabajo...)
A mí este razonamiento me pareció repugnante. No todo en la vida son números, y eficiencias económicas y técnicas... No me jodas, un poco de calidad humana.
Por ello, he querido reflejar en esta especie de "cuento urbano" una situación que podemos ver todos los días a nuestro alrededor...


El señor Martínez lleva treinta años trabajando en la misma empresa. Cuando empezó allí, la empresa apenas era un taller artesanal, y los pocos trabajadores que allí había eran jóvenes e inexpertos, pero tenían unas enormes ganas de aprender y mejorar. Actualmente, la empresa tiene un aspecto muy distinto al de entonces: poco a poco incrementaron la plantilla, la clientela, el volumen de producción... La empresa fue adquiriendo prestigio en su sector, y finalmente una multinacional la absorbió.
El señor Martínez siempre ha estado ahí, a las duras y a las maduras, trabajando duro y luchando cada día para que a su mujer y a sus hijos no les faltara de nada. Para que su hija Carlota pudiera ir a la universidad, y tuviera la oportunidad de exprimir todo su potencial, esa oportunidad que a él no le pudieron dar. Para que Carlos, su hijo, pudiera tener esa silla de ruedas motorizada que tanta falta le hacía. Para que Carmen, su mujer, no tuviera que hacer malabarismos con las cuentas para llegar a fin de mes....
Al señor Martínez le quedan dos años para jubilarse, y todos sus seres queridos están deseando que llegue ese momento. El momento en el que al fin pueda disfrutar de todo aquello que ha creado, que ha conseguido conseguido con tanto esfuerzo y tesón...
Hoy ha habido un gran revuelo en la empresa: ha llegado el nuevo y flamante director de recursos humanos. Es un chico joven, guapo, bien vestido y mejor peinado. Con gran soberbia, ha bajado de su Audi, ha empezado a acomodarse en su nuevo despacho, y ha presentado a la dirección general su plan de personal dirigido a la reducción de costes.
Esta tarde, el señor Martínez ha recibido una carta. En ella le comunican que la empresa reduce su personal, y que prescinde de sus servicios. Eso sí, le agradecen la dedicación durante toda su vida a la empresa, y le indemnizan con seis mil euros y un reloj chapado en oro.
El señor Martínez dobla cuidadosamente la hoja, vuelve a meterla en el sobre, y se marcha cabizbajo, camino de su casa.
El señor Martínez podría ser tu padre. O el tuyo. O quizás el tuyo. O probablemente pudiera ser el mío...

Tu risa...

No hay nada como esas tardes en las que ríes con fuerza. Puede ser en clase, en los pasillos de la facultad, en cualquier cafetería o en plena calle. Pero te ríes con esa fuerza que te caracteriza. Te ríes, y en ese momento poco o nada importa lo demás... solo tú, tu risa y yo. Te ríes con fuerza, con franqueza, y la gente alrededor nos mira (envidiosos...), y me contagias con tu risa. Y río. Y ríes. Y entonces tropiezo, y nos volvemos a reír...

jueves, enero 26, 2006

24 horas

24 horas para descansar, para cambiar de aires. Es el tiempo que me he tomado para tratar de desconectar de la vorágine de exámenes de estas semanas.
24 horas para olvidar el enorme temario de dirección de recursos humanos, del que me había empapado durante los últimos días...
24 horas en las que me has venido a recoger, hemos ido a comprar juntos, hemos reido, hemos cocinado, hemos cenado, nos hemos abrazado, te he besado, me has besado, hemos jugado bajo las sábanas, y después he sentido tu corazón latir mientras dormías...
24 horas como una burbuja de oxígeno para volver con más fuerzas y ganas que nunca a por los exámenes que quedan.
Gracias por estas 24 horas que ahora terminan ;-)

martes, enero 24, 2006

Reflejos

Hace ya unos cuantos meses que fui con mi mejor amiga a un coloquio sobre la película Princesas. La charla tuvo lugar en mi facultad, en un ciclo de cine que hacen durante todo el año, y vinieron Fernando León (el director) y Candela Peña (soberbia interpretación...).
Durante un par de horas estuvieron hablando sobre el rodaje y sobre la película, la gente les hizo sus propios comentarios, más o menos afortunados (hubo un par de frases que le sentaron especialmente mal a la actriz, y con razón) y ellos estuvieron contestando como pudieron.
Todo esto que estoy contando viene a raíz de un comentario que surgió esa tarde durante la charla, y al que le he estado dando vueltas todo este tiempo.
La idea en cuestión es el rechazo que muchas veces nos producen personas de nuestro entorno más cercano (padres, hermanos...) y que probablemente se produce porque vemos reflejados en ellos todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos.
El comentario surgió cuando Fernando León comentaba el papel de Caye, y cómo ésta se siente violenta y nerviosa cada vez que se relaciona con su madre. Esto se debe en parte a que ve en su madre una especie de espejo en el que mirarse, y del que no le gusta el reflejo que le devuelve, ya que en él sólo ve soledad, pena y un vacío vital que le lleva a hacer cosas irracionales, como mandarse a sí misma ramos de flores haciéndose pasar por un admirador secreto...
He reflexionado mucho sobre todo esto, y he llegado a la conclusión de que a todos (o casi todos) en mayor o menor medida, nos invade alguna vez esta clase de sentimiento. Al menos a mí es un sentimiento que a veces me absorbe y me lleva a una espiral de malestar de la que me es difícil salir durante varios días.
En mi caso, esa situación de "rechazo a mi propio reflejo" me ocurre con mi madre. Somos dos personas muy parecidas, muchas veces pensamos igual, actuamos igual... y me duele profundamente ver que no le ha terminado de ir bien en la vida, que probablemente se merecía algo mejor, que es una persona maravillosa pero que está bastante sola... Y siento que no quiero que me ocurra lo mismo a mi, y pienso que lo más probable es que al final me suceda...
En fin, todos estos pensamientos son bastante complicados de expresar por escrito, pero sirve para desahogarse, que no es lo de menos.
Besos

lunes, enero 23, 2006

Bienes comunes

Un relato donde la aparente frialdad de las formas esconde los sentimientos más profundos, más bellos y más dolorosos que puede experimentar una persona. Una carta que habla sobre las mariposas en el estómago, sobre el amor, sobre la duda, sobre la angustia, sobre el reproche, y sobre todo, sobre las ilusiones rotas:
Esta carta me marcó desde la primera vez que llegó a mis manos, y sigue emocionándome cada vez que la vuelvo a leer.


Estimada Cristina:

Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

Cosas a conservar:

- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
- La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

Cosas que puedes conservar tú:

- Los silencios.
- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
- El sabor acre de los insultos y reproches.
- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
- Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
- Jorge y Cecilia. Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.

Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo solo son eso: objetos.
Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (914070485) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente,

Roberto.

Carta ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor. Por Susana López Rubio